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El sismo la sepult贸 bajo toneladas de escombros con heridas graves. Ni ella ni sus rescatistas se dieron por vencidos

En los primeros segundos tras los violentos terremotos que sacudieron a Venezuela, el mundo exterior pareci贸 detenerse por completo para Stephanie Villegas. 鈥淪olamente recuerdo que iba bajando y que todo me iba cayendo encima y por un momento como que perd铆 la conciencia. Y luego, cuando ya despert茅, no me pod铆a mover鈥. Sepultada bajo toneladas de concreto, vigas fracturadas y el denso polvo gris谩ceo, esta joven venezolana inici贸 la batalla m谩s grande de su vida: sobrevivir. Hoy, desde la cama de un hospital, Stephanie reconstruye con asombrosa serenidad una odisea que dur贸 unas diez horas entre el desplome inicial y su ingreso a la sala de emergencias.

A pesar de la gravedad de sus heridas, que incluyen m煤ltiples fracturas y lesiones complejas que por poco le cuestan una pierna, su rostro refleja una paz inspiradora. 鈥淗oy estoy tranquila鈥, afirma con voz pausada y firme. 鈥淎 pesar de que las fracturas son fuertes, no tengo dolor鈥.

Aquel d铆a, feriado en Venezuela, Stephanie iba a visitar a una amiga. Sub铆a las escaleras y se encontraba ya alcanzando el cuarto piso cuando comenz贸 el temblor, el crujido de las estructuras y el violento vaiv茅n de los muros. En esos instantes, el instinto de supervivencia le jug贸 una mala pasada.

鈥淐uando comenz贸 el terremoto, mi mente pens贸 en correr hacia abajo en vez de ir para el pasillo, al que no le pas贸 nada. Apenas baj茅 de una vez se comenz贸 a caer todo y me cay贸 todo encima. Qued茅 tapiada鈥, recuerda. El pasillo que dej贸 atr谩s permaneci贸 intacto tras el sismo, mientras que la escalera, que tantas veces sirve como v铆a de escape, colaps贸 sobre ella mientras descend铆a.

El impacto inicial fue brutal, pero Stephanie borr贸 parte de sus recuerdos inmediatos, quiz谩s como una suerte de mecanismo de defensa ante la violencia del colapso y del trauma f铆sico. 鈥淣o recuerdo el momento exacto del choque cuando ca铆鈥, explica.

Al volver en s铆, primero se sinti贸 desorientada. 鈥淵o dec铆a Dios m铆o, 驴qu茅 pas贸? No entend铆a nada鈥, relata. Pero luego comprendi贸 su situaci贸n: estaba viva, pero sepultada bajo los escombros.

El primer impulso de cualquier persona en esa situaci贸n es tratar de sacarse el peso de encima, empujar las estructuras para liberarse. Stephanie lo intent贸, pero no pudo.鈥漈rataba de moverme, de levantarme, porque yo pens茅 que empujando pod铆a salir, porque yo sent铆a un pie afuera y la manito. Entonces yo dec铆a: no estoy tan profunda鈥. Sin embargo, cada intento se topaba con los escombros que la aprisionaban.

Lejos de desesperarse, como le suceder铆a a la gran mayor铆a de las personas en esa situaci贸n, se apoy贸 en su fe y la calma se apoder贸 de ella. 鈥淢e dije: qu茅date tranquila, si est谩s despierta es porque Dios te va a salvar y vas a salir de aqu铆. Y yo ahora le ped铆a a Dios que me mantuviera calmada, que resistiera hasta que alguien llegara, que mandara a alguien a que me sacara. Y de verdad estuve s煤per tranquila, no llor茅, no grit茅. En ese momento no sent铆a dolor por la presi贸n鈥.

Aproximadamente diez minutos despu茅s de haber recuperado la conciencia, los primeros sonidos de la superficie comenzaron a filtrarse a trav茅s de las grietas de concreto. Eran los gritos desgarradores de los vecinos, familiares y sobrevivientes que andaban entre las ruinas. Escuchar esas voces le dio optimismo a Stephanie: 鈥淢e alegr茅, yo dije que ahorita vienen por m铆鈥. Sin embargo, la espera se prolong贸 mucho m谩s de lo que esperaba. Tuvieron que pasar dos horas hasta que su pareja, quien la buscaba incansablemente, logr贸 localizar el punto exacto donde se encontraba.

Pero ser hallada no significaba ser rescatada. El panorama que enfrent贸 su pareja era desolador y sumamente peligroso. Stephanie estaba atrapada bajo vigas y paredes partidas de gran peso. En medio de la destrucci贸n masiva y ante la ausencia de equipos de rescate, su compa帽ero tuvo que valerse de su astucia y de su fuerza f铆sica. Para acceder al 谩rea, observ贸 un 谩rbol cercano que milagrosamente segu铆a en pie en medio del desastre; se trep贸 a 茅l y logr贸 saltar hacia el per铆metro interior donde yac铆a la joven. Sin embargo, remover los bloques requer铆a de m谩s brazos.

Stephanie relata que con la ayuda de dos personas m谩s que se sumaron a la tarea trabajaron desde las 20 hasta la medianoche para poder liberarla. 鈥淣o pudieron quitar todo鈥, explica, 鈥渟olamente quitaron lo que pudieron y de ah铆 me jalaron, porque hab铆a unas cosas que estaban sosteniendo las paredes de alrededor que si las quitaban nos 铆bamos a morir todos ah铆鈥.

Una vez fuera, se dieron cuenta de que su cuadro revest铆a varias complicaciones y gravedad. Las extremidades fracturadas imped铆an cualquier traslado convencional y, ante la falta de elementos para atender la emergencia, los rescatistas improvisaron una camilla utilizando una puerta. 鈥淐omo ten铆a la pierna partida y estaba sangrando mucho, no me pod铆an cargar. El brazo tambi茅n est谩 fracturado鈥, relata.

El grupo de rescate sub铆a y bajaba entre las ruinas implorando el auxilio de los veh铆culos que pasaban, pero el caos generalizado hac铆a que imperara la desesperaci贸n. 鈥淧ed铆an ayuda para poder llevarme al hospital y nadie ayudaba鈥, remarca.

Pero adem谩s, una vez fuera de la presi贸n de los escombros, comenzaron los dolores. 鈥淪e me baj贸 la tensi贸n, comenc茅 a vomitar del dolor. Ah铆 s铆 estaba llorando porque ya sent铆a el dolor, porque ya no ten铆a ninguna presi贸n. Ah铆 ya se me estaba despertando todo鈥. En ese momento cr铆tico, rodeada por la familia de su pareja que lleg贸 al lugar y le hablaba constantemente para evitar que cayera en la inconsciencia, Stephanie se aferr贸 de nuevo a su fe: 鈥淢e dec铆an: qu茅date tranquila que vas a salir de esto. Y mi esperanza fue Dios. Si Dios me mantiene con vida, es por algo鈥.

Durante casi dos horas, un grupo fluctuante de entre seis y ocho personas carg贸 la pesada puerta con el cuerpo de Stephanie. El agotamiento f铆sico hac铆a que algunos abandonaran la tarea, pero eran relevados por otros voluntarios hasta que finalmente una camioneta accedi贸 a transportarla. A las cuatro de la ma帽ana, diez horas despu茅s del inicio de la pesadilla, Stephanie ingresaba por fin a un hospital.

Hoy, el panorama cl铆nico es complejo pero esperanzador. 鈥淟o m谩s fuerte de todo fue mi pierna, que casi la pierdo鈥. Aunque cuenta que estuvo al borde de la amputaci贸n, los m茅dicos han optado por una estrategia por etapas: primero trataron las heridas abiertas, colocaron unos fijadores externos mec谩nicos para estabilizar la pierna y combatir los riesgos de infecci贸n, mientras trabajan en la recuperaci贸n de la masa muscular da帽ada. Una vez que consigan la estabilizaci贸n de la pierna, el equipo quir煤rgico proceder谩 con la operaci贸n del brazo, que tambi茅n presenta fracturas importantes.

El proceso de sanaci贸n no es solo f铆sico. Stephanie confiesa que los primeros d铆as en el hospital estuvieron plagados de pesadillas recurrentes, un s铆ntoma cl谩sico del trauma vivido. Sin embargo, el paso de los d铆as y el cobijo de sus seres queridos han ido disipando la oscuridad del recuerdo. 鈥淓staba como traumada los primeros d铆as, pero ahorita puedo contar la historia tranquila porque ya lo malo pas贸. Como me dicen todas las personas: ya lo m谩s fuerte pas贸鈥, sostiene mientras, una vez m谩s, se aferra a su fe: 鈥淎horita tengo que estar tranquila para recuperarme y, bueno, de todo lo malo siempre sale algo bueno. Ya ver茅 qu茅 trae Dios para m铆 con todo esto tan fuerte que pas茅鈥.

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