En una calurosa y soleada tarde de verano, Amoateng Foster se apoya en una mesa dentro de un aula improvisada al aire libre en el sur de Espa帽a, mirando hacia los asientos improvisados 鈥嬧媝ara los alumnos. Este entorno no le resulta ajeno a Foster, de 44 a帽os, quien fue profesor de matem谩ticas en Ghana antes de emprender el peligroso viaje a trav茅s del Sahel hacia Libia, cruzar el Mediterr谩neo hasta Italia y llegar finalmente a Espa帽a.
Ahora vive en un asentamiento informal para inmigrantes en la provincia de Almer铆a, donde 茅l y miles de trabajadores m谩s se esfuerzan en invernaderos aparentemente innumerables 鈥攔epartidos por una regi贸n abrasada por el sol鈥 para producir las frutas y verduras que abastecen a Europa durante el invierno. Las condiciones son duras y la remuneraci贸n, para quienes se encuentran en una situaci贸n m谩s precaria, es p茅sima.
鈥淣o es f谩cil estar aqu铆 si no tienes la documentaci贸n en regla鈥, coment贸 al hacer balance de su vida en Espa帽a. Al igual que muchas personas del continente africano y de otros lugares, se sinti贸 atra铆do por Europa ante la promesa de un empleo y una vida mejores. Sin embargo, la realidad no ha estado a la altura de sus expectativas: ha resultado inmensamente dura y, en muchos aspectos, degradante.
鈥淪i est谩s fuera, al otro lado de la valla, puedes pensar que aqu铆 todo es color de rosa鈥, dijo. 鈥淧ero no lo es鈥.
Y cuanto m谩s nos muestra Don Domingo de Arriba, su hogar actual, m谩s evidente resulta esa realidad.
Cientos de personas viven junto a Foster en condiciones de miseria, en un barrio improvisado construido con cualquier ladrillo, mezcla, neum谩tico o trozo de pl谩stico que pudieron encontrar. Es un escenario surrealista, sin suministro el茅ctrico oficial ni agua corriente; algo que uno no esperar铆a ver en la Europa del siglo XXI.
CNN ha identificado al menos cuatro de estos asentamientos en los alrededores de N铆jar, al noreste de la ciudad de Almer铆a.
鈥淢ira el entorno en el que vivimos. No es bueno, pero salimos adelante simplemente porque nos encontramos aqu铆 y no nos resulta f谩cil regresar鈥, afirm贸 Foster.
Cuando hombres, mujeres y ni帽os cruzaron en masa la frontera entre Marruecos y Espa帽a para entrar en la ciudad aut贸noma de Ceuta a finales de julio, los populistas europeos y los pol铆ticos contrarios a la inmigraci贸n sacaron partido de las impactantes im谩genes de desesperaci贸n humana. Asimismo, incitaron a varios gobiernos europeos de tendencia derechista a criticar al actual gobierno espa帽ol, concretamente por su enfoque respecto a la migraci贸n.
Tambi茅n ha surgido una creciente reacci贸n negativa por parte de pol铆ticos populistas contra organizaciones ben茅ficas y otras entidades que trabajan en primera l铆nea ante esta oleada de sufrimiento humano; algunos cr铆ticos las acusan de generar las condiciones que atraen a m谩s migrantes.
鈥淟o 煤nico que hacemos es ayudar a quienes no tienen nada鈥, declar贸 la hermana Francisca, de 80 a帽os y coordinadora de la delegaci贸n local de las Hermanas Mercedarias de la Caridad, una comunidad religiosa cat贸lica, al responder a las cr铆ticas.
鈥淣i nosotras ni ninguna otra organizaci贸n que apoye a los inmigrantes somos la raz贸n por la que vienen鈥, afirm贸. 鈥淣o buscan un trozo de pan. Buscan una vida m谩s digna y un trabajo que les permita realizarse, ganar dinero y enviarlo a sus familias鈥.
Su organizaci贸n ayuda a los reci茅n llegados mediante clases de idiomas y talleres de capacitaci贸n para facilitar su integraci贸n en Espa帽a. Pero, sobre todo, tambi茅n distribuye cestas de alimentos donados por supermercados y organizaciones ben茅ficas locales entre las personas m谩s necesitadas.
鈥淐ualquiera puede llamar a nuestra puerta鈥 Lo m谩s habitual es que nos pidan un bocadillo y nos digan que tienen hambre. Es una necesidad b谩sica鈥, se帽al贸 la hermana Francisca.
En el centro de distribuci贸n de alimentos del grupo en San Isidro, su colega, la hermana Estella, de 61 a帽os, prepara y reparte cestas de alimentos. Ella compara los detalles de identificaci贸n de cada persona con una base de datos (para tener una idea de la frecuencia con la que la gente visita el centro) y luego los llama uno por uno.
鈥淓stamos muy contentos de hacerlo porque la gente realmente lo necesita para comer y sobrevivir鈥, dijo. 鈥淧ero todav铆a es doloroso verlo鈥.
En los d铆as m谩s ocupados, las hermanas dicen que pueden ayudar a unas 50 familias. Cuando las donaciones son bajas, rondan las 20.
Fuera del centro estaba Amal, de 36 a帽os, una marroqu铆 madre de dos hijos, que dej贸 a sus hijos con su madre y su hermana cuando vino a Espa帽a hace siete meses a recoger fresas. Un desacuerdo con su empleador la hizo perder su trabajo, dijo, y ahora est谩 desesperada por cualquier tipo de trabajo.
鈥淓s dif铆cil鈥 No hay trabajo, no hay d贸nde vivir, no hay papeles. Mis hijos est谩n lejos鈥, dijo, conteniendo las l谩grimas mientras hojeaba fotos de sus hijos en su tel茅fono.
Restaurar la dignidad de personas como Amal, cuya vulnerabilidad es la raz贸n por la que no quiso que us谩ramos su apellido, es el objetivo principal de la organizaci贸n de la hermana Francisca.
鈥淯n gesto sencillo, una mirada, tender la mano. (Todo eso) puede marcar la diferencia. Puede llevar a decir: 鈥楨res igual que yo鈥欌, dijo la religiosa a CNN. 鈥淪omos mayores, somos pobres, pero intentamos mejorar el nivel de vida de estas personas. Todos somos hijos de Dios y todos tenemos derecho a la dignidad y al respeto鈥.
Aunque las cifras generales de migraci贸n irregular en Europa disminuyeron en los primeros cinco meses de este a帽o en comparaci贸n con el anterior, muchos siguen arriesgando sus vidas para llegar al continente, y algunas rutas s铆 muestran un aumento.
Una de ellas es la que Frontex, la agencia de fronteras de la Uni贸n Europea, define como la ruta del Mediterr谩neo Occidental, que incluye traves铆as desde Argelia y Marruecos hacia el sur de Espa帽a, abarcando la zona de Almer铆a.
Esta zona es conocida como la huerta de Europa debido a los m谩s de 3,5 millones de toneladas de productos frescos que abastecen a los mercados europeos cada a帽o, cantidad suficiente para alimentar a unos 500 millones de personas, seg煤n algunas estimaciones.
鈥淗ace unos a帽os no hab铆a invernaderos, y tampoco hab铆a inmigrantes鈥, record贸 la hermana Francisca. 鈥淎hora hay mucho trabajo en los invernaderos. Cuando abren, la gente viene鈥.
Dependiendo de la 茅poca del a帽o, los invernaderos producen pimientos, tomates, sand铆as o pepinos, entre otros cultivos menores, en una extensi贸n tan vasta que puede verse desde el espacio, lo que le ha valido a la regi贸n otro apodo, algo menos halagador: el 鈥渕ar de pl谩stico鈥.
Sin embargo, ante la presi贸n de intermediarios exigentes y poderosas cadenas de supermercados que compiten por vender al precio m谩s bajo posible, los empresarios de Almer铆a afirman verse obligados a recurrir a mano de obra barata para obtener alg煤n beneficio. Y ah铆 es donde entran en juego inmigrantes como Amal o Foster.
鈥淣os necesitamos鈥, afirm贸.
Los datos gubernamentales indican que m谩s de 70.000 personas est谩n inscritas en la Seguridad Social como trabajadores del sector agr铆cola en Almer铆a. No obstante, sindicatos y ONG se帽alan que las cifras oficiales no reflejan el n煤mero considerable de migrantes indocumentados que tambi茅n trabajan en este sector. Sus estimaciones apuntan a la existencia de m谩s de 110.000 trabajadores, de los cuales se calcula que el 90 % son extranjeros.
Quienes tienen la documentaci贸n en regla suelen percibir, como m铆nimo, el salario base de 8 euros (9,25 d贸lares) por hora, a pesar de que existen denuncias de explotaci贸n. Por el contrario, algunos trabajadores sin papeles declararon a CNN que, en ocasiones, ganan poco m谩s de la mitad de esa cantidad.
鈥淭rabajas en un ambiente caluroso, te arrodillas, trabajas sin parar de esa manera y te dan cinco euros鈥, dijo Foster. 鈥溌緾u谩nto puedes ahorrar?鈥.
Otros trabajadores con los que habl贸 CNN mencionaron cifras similares, sugiriendo que algunos empresarios pagaban incluso menos: cuatro euros la hora.
El gobierno afirma que est谩 intentando cambiar la situaci贸n, no solo all铆 sino en todo el pa铆s, mediante la implementaci贸n de un programa de amnist铆a que ofrece a casi medio mill贸n de inmigrantes indocumentados que llevaban al menos cinco meses en el pa铆s la oportunidad de regularizar su situaci贸n.
La llegada de estas personas ha transformado algunas zonas con la aparici贸n de restaurantes, tiendas y mezquitas que atienden sus necesidades. Donde antes el espa帽ol era el 煤nico idioma, ahora se ven carteles en 谩rabe y franc茅s. Y, a pesar de la evidente necesidad de esta mano de obra inmigrante, la zona de Almer铆a ha experimentado un aumento significativo del sentimiento antiinmigrante. Las pintadas xen贸fobas con mensajes como 鈥渘o a los musulmanes鈥, visibles en algunos lugares, son una clara manifestaci贸n de la tensi贸n latente.
Fue en Andaluc铆a, la regi贸n del sur de Espa帽a que abarca Almer铆a y otras provincias, donde el partido de extrema derecha Vox logr贸 sus primeros avances electorales a nivel regional en 2018, lo que le catapult贸 a la escena nacional.
Andaluc铆a es una de las zonas de Espa帽a con mayor porcentaje de residentes extranjeros. Gran parte de ellos acaba trabajando en los sectores agr铆cola y de hosteler铆a, aunque entre quienes llegan del extranjero tambi茅n figuran jubilados del norte de Europa.
Casi una d茅cada despu茅s, el movimiento populista ha cobrado fuerza y 鈥嬧媠e siente envalentonado para emplear una ret贸rica cada vez m谩s agresiva hacia la comunidad inmigrante de la regi贸n, especialmente hacia los musulmanes.
En La Ca帽ada, un barrio de las afueras de Almer铆a que constituye uno de los bastiones de Vox, esos argumentos est谩n dando resultados. Este a帽o, el partido de extrema derecha qued贸 segundo en las elecciones auton贸micas en Almer铆a, superando a nivel local al Partido Socialista Obrero Espa帽ol (PSOE) de centroizquierda y liderado por el presidente del Gobierno, Pedro S谩nchez.
En este barrio obrero, el cambio ha sido demasiado r谩pido para muchos, a pesar de que el n煤mero total de llegadas desde el norte de 脕frica est谩 disminuyendo y de que un estudio del centro de an谩lisis independiente Funcas sugiere que el 90 % de los inmigrantes en situaci贸n irregular en Espa帽a proceden, en realidad, de Am茅rica Latina.
鈥淓s gente que no quiere integrarse鈥, afirm贸 un residente de 68 a帽os llamado Rosendo. 鈥淭engo a dos (trabajando para m铆), pero simplemente no quieren鈥.
鈥淨ue vengan quienes quieran trabajar y tengan papeles, y punto; lo dem谩s es una invasi贸n鈥, dijo Francisco, un residente local de 79 a帽os. 鈥淐reo que es una invasi贸n, pero sin armas鈥.
Sus comentarios resuenan con los t贸picos de la extrema derecha que han arraigado no solo en Espa帽a, sino tambi茅n en el discurso de toda Europa. En el continente, persiste y cobra cada vez m谩s fuerza esta misma paradoja: la necesidad de ciertos tipos de migraci贸n frente a la falta de deseo de acogerlos, as铆 como el debate que ello genera.
Por ahora, el actual Gobierno espa帽ol sigue adelante pese a ese ruido, neg谩ndose a dar marcha atr谩s en su programa de regularizaci贸n y defendiendo lo que el presidente S谩nchez califica como una pol铆tica migratoria 鈥渟ensata, justa y responsable鈥.
鈥淓l Gobierno ha visto que necesitan nuestra ayuda, que les estamos ayudando. Y ellos tambi茅n nos ayudan a nosotros鈥, se帽al贸 Foster. 鈥淓s un beneficio mutuo鈥.
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