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C贸mo Lionel Messi y Argentina llevaron la Copa del Mundo a un estado de nirvana deportivo

A menudo, en la vida, los momentos se nos escapan sin que podamos aferrarnos a ellos. De repente, desaparecen y nos quedamos con ganas de haberlos disfrutado un poco m谩s.

Y a veces, hay momentos que puedes prever. Momentos en los que puedes comprender su significado, su grandeza, en los nanosegundos previos a que se conviertan en realidad. Un instante en el que la vida te concede la capacidad de sumergirte por completo en lo espectacular y disfrutarlo al m谩ximo.

Para la inmensa mayor铆a de los m谩s de 68.000 aficionados presentes el martes en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta, ese momento lleg贸 cuando Lautaro Mart铆nez redujo la velocidad en la banda derecha del ataque argentino, evalu贸 la situaci贸n frente a 茅l y centr贸 el bal贸n.

Es un clich茅, pero los clich茅s existen por algo: todo sucedi贸 a c谩mara lenta. El bal贸n flot贸 hacia el 谩rea, pas贸 por encima del egipcio Yasser Ibrahim y se dirigi贸 a la cabeza de Enzo Fern谩ndez.

Hubo tiempo suficiente para pensar. Tiempo suficiente para decirse a uno mismo: 鈥溌ios m铆o, han marcado!鈥. Tiempo suficiente para prepararse para la oleada de ruido de los aficionados vestidos de azul y blanco que abarrotaban uno de los mejores estadios de este Mundial.

Por supuesto, Fern谩ndez no fall贸. Un golazo de cabeza que pas贸 a la historia, culminando una remontada milagrosa de tres goles en 13 minutos para clasificar a la Albiceleste a los cuartos de final con una victoria por 3-2 sobre los egipcios.

Tras dos d铆as de preocupaci贸n por el supuesto desastre que supuso la llamada del presidente Donald Trump a Gianni Infantino por la tarjeta roja a Folarin Balogun, Egipto y Argentina nos recordaron la verdadera esencia de este torneo.

El esp铆ritu luchador de un equipo modesto y la f茅rrea determinaci贸n de campeones se unieron para crear un drama de primer orden.

Para quienes tuvieron la suerte de estar all铆, es una experiencia que quedar谩 grabada en la memoria para siempre. Y nosotros tuvimos la suerte de presenciarla en directo.

Sobre el papel, Argentina ten铆a muchas probabilidades de arrollar a Egipto. El talento que exhibe la Albiceleste los convierte en potenciales bicampeones del mundo, algo que no se ha logrado en generaciones.

Egipto cuenta con un jugador excepcional, Mohamed Salah, aunque ya no est谩 en su mejor momento.

Pero como Cabo Verde les record贸 a los argentinos la semana pasada, los partidos del Mundial no se ganan sobre el papel. Se ganan con garra, determinaci贸n y aprovechando las mejores oportunidades.

Y Egipto lleg贸 preparado para la lucha.

Los Faraones no se amedrentaron ante el desaf铆o planteado por los campeones defensores y se mantuvieron a la par durante los primeros minutos, hasta que Ibrahim se elev贸 por encima de la defensa argentina y cabece贸 el bal贸n fuera del alcance de Emiliano Mart铆nez.

Los peque帽os grupos de aficionados egipcios en el estadio enloquecieron, saltando y arranc谩ndose las camisetas mientras su equipo celebraba con euforia a sus pies.

Pocos minutos despu茅s, parec铆a que los dioses del f煤tbol estaban del lado de Egipto.

Mohamed Shobeir detuvo un penalti de Lionel Messi y, durante el resto de la primera mitad, jug贸 como si hubiera sido ungido como el salvador de su naci贸n. Realiz贸 parada tras parada, creando una muralla impenetrable en su porter铆a mientras Argentina parec铆a desconcertada.

Los aficionados egipcios en la secci贸n 300 del estadio eran minor铆a, pero se atrevieron a provocar a la multitud de argentinos que se encontraban detr谩s.

La pol茅mica que quedar谩 grabada en la memoria de los egipcios lleg贸 en el minuto 55, cuando Mostafa Ziko pareci贸 duplicar la ventaja de los Faraones .

Mientras Egipto celebraba con euforia, el 谩rbitro Fran莽ois Letexier consult贸 el VAR (脕rbitro Asistente de Video) para revisar una posible falta previa a la jugada. Letexier anul贸 el gol de Ziko por la infracci贸n, que se produjo tan solo 18 segundos antes del aparente gol.

Tras el partido, el seleccionador egipcio, Hossan Hassan, y el propio Ziko criticaron duramente a Letexier por su actuaci贸n.

Hubo posibles penaltis, entradas duras que no fueron sancionadas y decisiones arbitrales poco claras a favor de Egipto que fueron ignoradas cuando Argentina cometi贸 faltas similares.

Sin duda, el 谩rbitro no ser谩 bienvenido en Egipto en un futuro pr贸ximo.

Ziko acabar铆a ampliando la ventaja de Egipto con otro gol al contraataque. Un 2-0 que parec铆a casi incre铆ble. Incluso con las quejas de Egipto contra el 谩rbitro, todo parec铆a indicar que se producir铆a una sorprendente victoria.

Pero ning煤n equipo en el que juegue Lionel Messi est谩 realmente muerto.

Observar al n煤mero 10 de Argentina es como ver a un director de orquesta dirigiendo una orquesta de f煤tbol.

Con sus movimientos, marca el rumbo del juego argentino: cuando camina en una direcci贸n, el bal贸n se dirige hacia la otra, pero cuando corre, el bal贸n viene hacia 茅l. Se帽ala los pases para sus compa帽eros, movi茅ndose lentamente por el campo con la tranquilidad de un paseo vespertino.

A sus 39 a帽os, Messi conserva su energ铆a siempre que puede para los momentos en que m谩s la necesita. Cuando llegan esos momentos, explota.

Mientras Argentina intentaba remontar, Messi se apoder贸 del partido como una boa constrictora que oprime el pecho de Egipto. La presi贸n aumentaba sin cesar, hasta que los faraones y sus aficionados parec铆an apenas poder respirar.

Entonces lleg贸 el primer momento de genialidad. Messi elev贸 un bal贸n por encima de la defensa egipcia para Cristian Romero, quien remat贸 de cabeza al fondo de la red. 2-1 en el minuto 79.

La Albiceleste busc贸 el empate y Messi intensific贸 su juego, afianzando su dominio sobre las aspiraciones de Egipto. Cuando lo consiguieron, fue la lectura milim茅trica del partido, una habilidad que el peque帽o genio ha perfeccionado en la recta final de su carrera, lo que marc贸 la diferencia.

Recibi贸 un pase y corri贸 hacia la porter铆a. Observ贸 c贸mo el bal贸n rebotaba en algunas cabezas, daba vueltas en el 谩rea y ca铆a al suelo a pocos metros de Shobeir. Lleg贸 justo en el momento preciso, recibi贸 un pase ligero de Gonzalo Montiel y dispar贸 con fuerza, el bal贸n se le escap贸 de las manos al portero, rebot贸 en el travesa帽o y entr贸 en la red.

Lo celebr贸 con euforia, alzando el pu帽o mientras corr铆a hacia la esquina y abrazaba con fuerza a sus compa帽eros. Las gradas temblaban con el estruendo de decenas de miles de argentinos que saltaban y gritaban hasta quedarse af贸nicos.

Cuando el cabezazo de Fern谩ndez entr贸 en la porter铆a casi diez minutos despu茅s, los argentinos alcanzaron un estado de euforia deportiva que solo se vive una o dos veces en la vida.

Se abrazaban desconocidos, volaban margaritas (al menos, creo que a m铆 me lleg贸 una, ol铆a afrutada), y la gente se quitaba las camisetas. Un hincha no paraba de gritar: 鈥溌ios m铆o!鈥.

Detr谩s de la porter铆a egipcia, un grupo numeroso de argentinos saltaba y bailaba, cantando a pleno pulm贸n hasta quedarse sin aliento.

En la grada de 300 metros, agitaban camisetas y bufandas sobre sus cabezas con sonrisas de incredulidad en sus rostros. Cuando son贸 el pitido final, rugieron de alegr铆a, alivio y gratitud.

La veneraci贸n que sent铆an por sus h茅roes en el campo de juego conmovi贸 hasta las l谩grimas a Messi mientras 茅l y sus compa帽eros celebraban frente a aquella multitud inmensa.

Sonaba m煤sica por el sistema de sonido del estadio, pero no se o铆a ni una palabra entre los c谩nticos y gritos de los argentinos.

Es el tipo de momento que hace que este torneo 鈥攜 el deporte en general鈥 sea tan especial, tan crucial para nuestra humanidad compartida.

La inmensa alegr铆a del momento llev贸 a los hinchas argentinos a abrazar a los guardias de seguridad, a los periodistas, a cualquiera que se les cruzara, tal era su deseo de simplemente compartir ese instante.

El anhelo humano de conexi贸n se manifiesta de muchas maneras, como hemos visto en esta maravillosa Copa del Mundo, y nunca de forma tan brillante como despu茅s de una escapada 煤nica en la vida.

Argentina celebr贸 como si ya hubiera ganado la copa. A煤n les faltan tres victorias para volver a alcanzar el nivel de Doha.

E incluso si lo hacen, es dif铆cil imaginar que sientan la victoria con la misma intensidad o plenitud que la que experimentaron el martes en Atlanta.

The-CNN-Wire
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